El Banco Mundial celebra que el 80% de los países reduce la pobreza, el mejor registro en una década
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El Banco Mundial volvió a situar esta semana la lucha contra la pobreza en el centro del debate global con un anuncio optimista: en el balance del 2025, el 80% de los países habría reducido sus tasas de pobreza, el mejor registro en una década. Tras el golpe de la pandemia y las crisis inflacionarias y energéticas, el informe apunta a una recuperación del progreso mundial. Sin embargo, junto a la celebración emerge una pregunta clave: ¿qué funciona realmente para reducir la pobreza y qué parte del avance es solo estadística? Además, incluso donde desciende, la magnitud de la reducción es modesta y el ritmo insuficiente. A ello se suma una crítica de fondo: las líneas oficiales de pobreza, extremadamente bajas, tienden a minimizar el problema. En países como India o China, los umbrales utilizados apenas permiten cubrir la supervivencia física y se basan en canastas de consumo diseñadas hace medio siglo, desconectadas de los actuales costos de salud, educación o vivienda. No obstante, hay que ir más allá de la denuncia y preguntarse qué alternativas están mostrando resultados reales. Algunos ejemplos apuntan a un cambio de enfoque. China, tras declarar la “pobreza extrema cero” con criterios cuestionados, puso en marcha un programa masivo de identificación directa de hogares vulnerables, apoyado en comunidades locales y acompañado de transferencias significativas. Más allá de la retórica, esta intervención permitió localizar necesidades reales y canalizar recursos de forma efectiva. Bangladesh ofrece otro aprendizaje relevante. Entre 2010 y 2022, millones de personas salieron de la pobreza extrema y moderada gracias al crecimiento económico y a la expansión del empleo, especialmente en zonas rurales. Sin embargo, el propio país muestra hoy los límites del crecimiento por sí solo: el aumento de la desigualdad, el estancamiento del empleo industrial y la inflación han vuelto a empujar a millones de hogares al borde de la pobreza. La respuesta que se perfila pasa por una agenda más integral: creación de empleo de calidad, inversión en infraestructuras, educación y formación profesional, apoyo al comercio y una protección social mejor focalizada. La lección común es clara. La reducción sostenible de la pobreza no depende solo de indicadores agregados ni de líneas de pobreza cada vez más bajas. Funciona cuando se combinan mediciones realistas, identificación directa de los más vulnerables, empleo digno y servicios públicos accesibles.









